Cualquiera con un nivel medio sabía quién era don Nicolás

In El Confidencial by Israel PazLeave a Comment

No fue hasta ayer por la mañana, al regresar a casa tras pasar casi 72 horas detenido, cuando el presunto impostor Francisco Nicolás Gómez Iglesias fue consciente de que todas las fotos que se hizo durante los últimos cinco años con altas personalidades del mundo empresarial y de la política  para fardar ante sus amigos estaban dando la vuelta por todo el país. “Está abatido. Es un shock del que le va a costar salir. No tenía conciencia de estar haciendo nada mal”.

Israel Paz, el abogado que defiende a este chaval de 20 años estudiante de CUNEF a quien la Policía acusa de delitos de estafa, usurpación de función pública y falsedad, recibe a El Confidencial en su despacho de abogados Sunkel & Paz, en la madrileña Puerta de Alcalá, unas horas después de que la titular del juzgado número 20 de Madrid, que no alcanza a entender cómo consiguió engañar a tanta gente, dejara a su cliente en libertad sin fianza, a la espera de que avance la instrucción del caso. “Después de la tormenta sufrida y tantísimas horas retenido, el auto de libertad provisional le ha conseguido tranquilizar un poco”.

Paz, que siempre se refiere a su adolescente defendido como “don Nicolás”, defiende que su cliente se presentaba ante sus supuestos clientes como “una persona con grandes contactos”. Pero que no engañó a nadie con una tarjeta oficial de presentación. “Mostraba su DNI. No suplantaba la personalidad de ningún funcionario público. Cualquier persona con un nivel medio sabía quién era don Nicolás”. Frankie, como el chaval es conocido en su círculo más íntimo, era un niño que quería ser un hombre de negocios muy joven y era partícipe habitual de los desayunos y conferencias que el Partido Popular celebraba en Madrid. Su obsesión era seguir engordando su agenda de contactos de relumbrón y su galería de fotos de selfies con las más altas personalidades del Estado.

La Policía lo detuvo el martes en casa de su abuela por hacerse pasar ante decenas de empresarios de este país instintivamente como un agente del Gobierno, asesor de distintos cargos políticos o enlace entre la Casa Real y La Moncloa supuestamente a cambio de favores o dinero. “De su casa se llevaron informes, documentos que tenían la apariencia de informes, ya que muchos de ellos eran burdas impresiones sacadas de Internet que, como él mismo dice, eran para darse notoriedad y realzar su imagen”. Hasta tal punto llegaba la obsesión del pequeño Nicolás por aparentar ser quien no era, que “llevaba esos informes en el sillón del copiloto, para que se viera el escudo de España. Y se nota que no puede ser un documento oficial porque está pixelado”, cuenta.

En su interminable relato ante la juez, el acusado, que únicamente se vino abajo “cuando el ministerio Fiscal pidió su prisión preventiva incomunicada y sin fianza”, no dejaba de repetir que se la habían liado, en una clara alusión a la clase política con la que le gustaba prodigarse a diario y de la que él presumía ser del mismo círculo. “No he conseguido que me identifique quién le ha utilizado. Su reproche interior es genérico a las personas que se hayan sentido incómodas por la aparición de imágenes con Nicolás. Es bastante predecible que ahora nadie le conozca, pero si se sale con él en una foto me resulta increíble que digas que no lo conoces”.

En la declaración que tomó la jueza en la mañana de este viernes, el estudiante de CUNEF que entró por primera vez en FAES a los 15 años ha detallado “con pelos y señales” todas las reuniones que ha cerrado desde 2012, “quién estaba presente y dónde se realizaban. Él nunca tuvo consciencia de que estuviera haciendo nada ilícito: analizaban temas estrictamente comerciales, cómo podían colaborar en un negocio… No había nada ilegal”, añade el abogado.

Su abogado, sin embargo, resta toda la credibilidad a los documentos que obran en la causa. “Los puede obtener cualquiera en Internet”. Francisco Nicolás Gómez llegó a cobrar 25.000 euros del empresario Javier Martínez de la Hidalga entregándole un falso informe del CNI que había elaborado en una copistería y que incluía la supuesta firma del secretario de Estado de Presidencia. “El dinero se lo dio voluntariamente el empresario para hacer frente a los primeros gastos de desplazamientos, dietas y manutención que necesitaba el cliente para hacer estas gestiones. Y me dice que el resto del dinero se lo devuelve y se lo deja en un despacho de abogados. No tenemos constancia de que hiciera alguna reclamación ni de que se sintiera engañado”, defiende Paz, que mantiene que su cliente es la víctima y no la gran estafa de este truculento caso que todavía está abierto.

José M. Olmo
El Confidencial

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