El Show de Truman

In Expansión by Víctor Sunkel MenaLeave a Comment

En 1998 el director Peter Weir selló el gran filme El show de Truman. En la película protagonizada por Jim Carrey, su personaje Truman Burbank descubre que su vida es una farsa; un constructo pergeñado por el magnate de la industria audiovisual  –Christof– empeñado en obtener una audiencia planetaria a cuenta de la continua y sistemática retransmisión televisada de la vida de un ser humano.

Tal y como se narra en la película, desde su concepción el pequeño Truman será sometido al escrudiño más implacable de la opinión pública, hasta que, ya en la edad adulta, logra por fin advertir la ficción de la que es víctima.

Mutatis mutandis el show de la saga/fuga de Carles Puigdemont tuvo ayer como previsible desenlace su detención por parte de los efectivos de la Policía federal alemana cuando se hallaba dispuesto a atravesar la frontera teutona desde Dinamarca con destino al plató belga donde la señal televisiva de Christof lleva retransmitiendo desde noviembre de 2017.

Ahora el expresident se halla recluido provisionalmente en la prisión alemana de Neumünster en espera de que el proceso de entrega a la autoridad judicial española se materialice. Sus dos opciones alternativas son: o consiente su entrega voluntaria a las autoridades judiciales de España –la cual deberá producirse en los próximos diez días– o la impugna. En este segundo supuesto, Puigdemont tendrá derecho a ser escuchado por un tribunal alemán. Posteriormente, y en el plazo de sesenta días, la autoridad judicial de Alemania deberá adoptar una decisión, debiendo producirse necesariamente la entrega del detenido en los diez días siguientes a la comunicación, salvo que concurran razones humanitarias que sean consideradas graves.

Siendo previsible que las autoridades germanas se inclinen por la entrega a España del exmandatario fugado, habida cuenta de que su propio Código Penal castiga las conductas rebeldes como la llevada a efecto por Puigdemont tras el 1-O con penas bastante severas (de diez años de prisión a cadena perpetua), resta por conocer cuál va ser la estrategia del expresident y si éste se aquietará o, en cambio, plantará cara a su entrega a España.

En el primer caso, Puigdemont deberá ser puesto a disposición del Tribunal Supremo y, en concreto, del magistrado Llarena, quien, tras su interrogatorio en calidad de investigado, deberá acordar bien su puesta en libertad (algo harto improbable a tenor de la conducta escurridiza del expresident y, desde luego, de las medidas adoptadas en las últimas horas contra el resto de los exconsellers), o su prisión provisional eludible con la adopción de medidas de carácter real (fianza) o personal (obligación de presentarse cada cierto tiempo ante el Tribunal).

En la película que da título a este artículo, casi desde el inicio del filme se intuye cuál será su desenlace. En el caso de Puigdemont no pasa nada distinto: quien haya asistido atento al procés y a las decisiones que se adoptaron tras el referéndum independentista, sabe perfectamente que nuestro Código Penal sanciona con severidad tales conductas, y que, por tanto, el futuro de Puigdemont y de los miembros de la Cámara autonómica que dieron pábulo al proceso independentista sólo podían acabar ante el plató de los tribunales y de la realidad judicial.

Víctor Sunkel
Abogado penalista

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