La vida de Brian

In Expansión by Víctor Sunkel MenaLeave a Comment

La vida de Brian (Terry Jones, 1979, Reino Unido) está mayoritariamente considerada como la mejor película de comedia. Y pese a que acaba de cumplir 40 años desde su estreno, muchas de sus escenas podrían ser el reflejo de la actualidad. Como curiosidad, deben saber que el exbeatle George Harrison, que era amigo de los Monty Python, financió el filme hipotecando su casa y su estudio, puesto que el presidente de EMI decidió no producirla sólo un par de días antes del inicio del rodaje.

La vida de Brian no sólo contiene una sucesión de gags para la posteridad, sino un elemento narrativo tomado prestado del teatro clásico griego: el deus ex machina, que puede definirse muy brevemente como aquel elemento externo introducido en la trama con intención de resolverla o dar un giro sin responder a la lógica discursiva. La vida de Brian hace uso de este peculiar elemento narrativo cuando el protagonista, Brian, es salvado de una muerte por la caída de una nave espacial. Quizás, contado de esta forma, no parezca demasiado ilógico; pero considerando que la acción se desarrolla en época de los romanos, y siendo Brian confundido con Jesucristo, el asunto no puede resultar más disparatado.

Así como en muchas otras cintas de cine (El mago de Oz, Superman o La guerra de los mundos, por citar sólo algunas) se ha utilizado el deus ex machina como elemento disruptivo de la trama, en el juicio al procés las defensas de los acusados entendieron que tenían que hacer lo propio para ganar. De esta forma, en el guión acusatorio pergeñado por la fiscalía y la abogacía del Estado, conformado por el relato de la convocatoria y celebración de un referéndum ilegal (que hallaría encaje provisional en los delitos de desobediencia y malversación de caudales públicos) y la proclamación de un estado catalán independiente (que sería susceptible de ser calificado bien como un delito de rebelión, bien como un delito de sedición), los letrados defensores están intentando introducir a modo de deus ex machina la supuesta represión policial y los heridos que, al parecer, dejaron las cargas policiales antes, durante y después del 1-O.

En esta semana que acaba, y en esa búsqueda de la brusca alteración del relato que les permita llegar al desenlace de absolución apetecido, las defensas han llamado a declarar como testigos a varios europarlamentarios, al cantautor Lluis Llach, así como a varios ciudadanos que votaron el 1-O. Entre los primeros, declaró como testigo una diputada de la asamblea nacional de Quebec, Manon Masse, quien señaló ante el Supremo que fue ella quien se había sufragado sus gastos durante su labor como «observadora internacional» en Cataluña entre el 29 de septiembre y el 2 de octubre de 2017. Masse, que aseveró haber sido testigo «como todo el planeta, de la violencia policial», manifestó que presentó en su parlamento una moción para reconocer la independencia de Cataluña que no fue aceptada. En el turno del eurodiputado alemán Andrej Hunko, éste se vio forzado a reconocer que fue invitado al hotel –aunque nunca supo por quién– en su estancia en la comunidad autónoma. Hunko también pudo apreciar cierta violencia policial con el lanzamiento de bolas de goma. También la eurodiputada portuguesa Ana María Gomes insistió en el asunto de la violencia que había «visto por la tele». Marchena tuvo que recordar a todos ellos que no habían sido llamados en ningún caso para dar su opinión sobre el «problema catalán».

Por otro lado, Llach pudo dar su versión de lo sucedido el 20-S en el asedio a la consejería de Economía, y afirmó que no vio ningún acto violento por parte de los concentrados allí. Marchena hubo de detener su interrogatorio cuando el cantautor intentó dar su opinión como «ciudadano homosexual, independentista y aspirante a ciudadano del mundo». Finalmente, los votantes del 1-O que habían sido llamados a testificar alegaron ante el Tribunal que nadie insultó ni vejó a los miembros de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado. Fueron éstos, en cambio, los que, según sus relatos, «apalearon y abrieron cabezas» a los «pacíficos» manifestantes y votantes. Pero, sin duda, el mejor momento deus ex machina lo puso una testigo apoderada de ERC el 1-O en un colegio electoral, que señaló que en su colegio las urnas habían aparecido solas. Que aunque la víspera la policía había registrado el centro educativo sin hallar material electoral, al día siguiente, habían aparecido por generación espontánea: «Yo dormí en el gimnasio y cuando me levanté las urnas estaban allí», dijo. Ya saben: «Always look on the bright side of life».

Víctor Sunkel
Abogado penalista

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